viernes 3 de octubre de 2008
Vuelvo a Casa
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lunes 8 de septiembre de 2008
COLDPLAY en Madrid 2008
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jueves 28 de agosto de 2008
Algarve 2008
Viernes Día 8: Salimos temprano para llegar a Sagres y pegarnos el primer chapuzón a la hora de comer. Sin embargo y debido a la filosofía ya acordada de no planear nada, paramos en Huelva en el pueblo de mi compañera de piso de Algeciras, Villablanca, que nos invita a comer productos de la tierra. Tengo que decir que después de haberla chinchado todo el año con su micropueblo, me pareció un pueblito con mucho encanto. Aún así, Michel se descojona con el nombre de uno de sus bares, “El Punto del Chirri”. Llegamos a la isla de Tavira en Portugal y cruzamos en un barco por 1.50 euros. La isla, que se encuentra en la frontera, está atestada de turistas españoles y portugueses. No es lo que buscamos pero nos damos un baño en aguas verdes y espesas por las algas. Hasta la punta de la barbilla del país no queda mucho así que lo hacemos del tirón. Una vez en Sagres y algo temerosos de no encontrar un sitio decente donde pasar la noche, acordamos que sea como sea queremos abrir la ventana de la habitación y ver el Atlántico. Dicho y hecho, 65 euros la noche y un raro olor a casa húmeda y vieja pero las vistas se pagan. Nos damos cuenta que es muy fácil encontrar “Cuartos, Rooms o Zimmers” por todos lados. Si en Tavira encontramos turismo familiar aquí sólo vemos a grupos de surferos que buscan en las playas de Portugal el espacio que en verano es imposible encontrar en la costa española. Ducha rápida y a probar el Vinho Verde en la “Casa Azul” (vino blanco típico de aquí). La botella que acabamos compartiendo nos abre el apetito y a unos metros nos encontramos con el restaurante “O Pescador”. Por 25 euros nos damos el lujo de una cena pantagruélica a base de arroz con marisco, en dónde el arroz es casi inexistente ya que la enorme cazuela esté repleta de marisco de todo tipo. La cena y la segunda botella de vinho verde acaba con nosotros en la cama a las 11 de la noche.
Sábado Día 9: El día se levanta radiante y tenemos una espléndida playa para nosotros justo en frente. Desayuno, café y batido de chocolate oyendo las olas. El agua está helada pero encontramos una roca dentro del agua, mullida por las algas y perfecta para tomar el sol. Antes de comer queremos ver el Cabo de San Vicente, espectacular por sus acantilados y sus aguas turquesas. Punto de encuentro de hippies venidos de todos lados. Me impresionan dos niños de no más de seis años con rastas a lo Bob Marley. Aprieta el gusanillo así que nos vamos a un pueblo cerca, Vila Do Obispo. En el restaurante Palherio comemos percebes a muy buen precio y un plato de pescado. Aún con lo bañadores húmedos seguimos en busca de playas desiertas y encontramos Praia Barranco en donde la arena nos azota de tal manera que tenemos que irnos. El coche tiene ya tanta arena y polvo y nuestros cuerpos y ropa tanta sal y humedad que empezamos a impregnarnos del espíritu bohemio de los que nos rodean. Para pasar lo que queda de tarde llegamos a Praia Zavial, arena blanca, rodeada de acantilados y lo más importante, vacía. Después de unas horas y ya cansados de descansar nos dirigimos al coche, pero algo falta en mi bolso… las LLAVES. Empiezo a sentir ese tan familiar estado de pánico. Corriendo como hacía tiempo que no hacía, llego al lugar donde estábamos, después de veinte minutos rayando dos metros cuadrados de arena con mis dedos, encuentro la batería también perdida de la cámara de Michel, y empiezo a escuchar a lo lejos como alguien me chilla. Sin distinguir si era a mí o si era el propio viento del atlántico me dirijo al coche a que el niño me ayude a rastrear, y allí me lo veo triunfante con llave en mano, la cual había sido llevada al chiringuito por algún solidario transeúnte. Acabamos el día cenando al lado del hotel; cena ligera y a la cama. Todavía nos queda costa por recorrer…
Domingo Día 10: Desayunamos en el mismo sitio de la cena (café y croissant para mí, batido y sándwich para él). Las mesas de alrededor llenas de surfistas que se dirigen a Praia Amado en Carrapateira. Enorme playa de olas, tablas y escuelas de surf. Después de disfrutar del lugar un buen rato, nos tomamos un par de cervezas Sagres en el chiringuito. Tíos/as buenos/as tostados por el sol y con la tabla bajo el brazo y Michel y yo disfrutando cada sorbo y sin un ápice de estrés en nuestros cuerpos. Sin embargo, el ansia de seguir viendo nos anima a investigar y paramos en Bordeira. Sin duda la mejor playa. Una duna kilométrica de arena blanca y templada nos conduce hasta el mar guardado entre acantilados. La llegada es más dificultosa que en la anterior por lo que está medio desierta. A las dos horas, el hambre nos empuja a un restaurante cercano. Esta vez toca caldeirada de pescado, que volvemos a engullir con vinho verde como ayuda. Para acabar el día elegimos la Praia Mons Clerigo a los pies de un pueblecito lleno de gente pero cuyos habitantes pueden presumir de vivir en la mismísima arena. Como digestivo un par de caipirinhas y un chapuzón al atardecer. No hay nada como estar de vacaciones… De vuelta en Sagres nos damos una ducha y nos abrigamos con lo poco que hemos traído ya que las noches son frías por aquí. Cena en la Casa Azul, un hotelito con mucho gusto para la decoración, el trato y la comida. Ensalada y pizza. Hoy toca sobrepasar nuestras acostumbradas 11 de la noche así que vamos a un sitio chill out que hemos visto a la entrada, Warung, muy pero que muy chill pero no nos dejan fumar dentro y con unos mojitos se nos hace difícil no caer en la tentación así que vamos fuera, donde engañamos al frío a base de ron con hierbabuena y anécdotas. Llegamos al hotel con la risa tonta de un día perfecto.
Lunes Día 11: Amanece nublado pero hoy toca hacer kilómetros hasta Lagos por lo que esperamos que el sol nos vuelva a acompañar en el viaje. Llegamos al pueblo sin saber muy bien hacia donde dirigirnos así que aparcamos en el centro. Por primera vez andamos más de dos metros por asfalto. Calles en cuesta adoquinadas que conducen a pequeñas placitas con tiendas de turistas y restaurantes. En uno de los mapas que conseguimos de la oficina de turismo, se nos recomiendan las playas que quedan a la derecha de las murallas. Se trata de pequeñas calas a las que se accede con barcas o kayaks que atraviesan grutas y enormes formaciones rocosas con caprichosas formas. El barquero que nos lleva y con el que acordamos nos deje en una de las calitas de lugar, nos señala las formas más peculiares que nos vamos encontrando: un camello, mujer embarazada, elefante, catedral... El trayecto, que dura 20 minutos, acaba en una playa de unos 30 metros de larga, que Michel y yo utilizamos para dejar las cosas y comer un bocadillo, el resto lo pasamos nadando, entrando en pequeñas cuevas, en busca de la playa perfecta. Por la noche, y como despedida, arroz con marisco o mejor, marisco con arroz y antes de llegar al hotel un tequila y un par de mojitos alternando con los surfers de la zona, y algún que otro personaje neohippie mientras el señor Marley suena de fondo…
Martes Día 12: El día se levanta lloroso y gris. Más o menos como nuestras cabezas. Desayuno y despedida de Portugal. Antes de cruzar la frontera aún nos queda algún rincón que visitar. Elegimos Armacao de Pera, cerca de la frontera. La playa del pueblo está atestada de gente y sombrillas por lo que deshacemos nuestros pasos en busca de algo más recogido. Al fondo hay una pequeña cala desde donde podemos nadar en busca de otras que estén desiertas. Es increíble como la gente prefiere compartir su espacio vital con cualquiera cuando a pocos metros está el paraíso en forma de arena y mar. Michel y yo lo encontramos nadando. La playa perfecta, arena amarilla, nadie alrededor y la amplitud del salón de tu casa. Las paredes que la recubren son de arcilla amarilla que Michel no duda en utilizar para cubrirnos el cuerpo y dejarlo secar tumbados en la arena. El tiempo vuela y nos esperan en Cádiz así que almorzamos en la arena un bocadillo y una cerveza con los que cogemos fuerzas para llegar al que, a mi parecer llega a ser el verdadero paraíso de la península...
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domingo 27 de julio de 2008
The Metros

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martes 15 de julio de 2008
Ida y Vuelta, Dos Percepciones Antagónicas
Percepción de JARA...

Con pocas horas de sueño debido a la visita sorpresa de Ana y Pepe a Algeciras de la noche anterior, dedico el jueves en el instituto a la re-re-re organización de la programación; la recogida de los libros de los alumnos de mi tutoría con su consiguiente catalogación (desde P=Perfecto a M=Marrano...o malo…no recuerdo). Por la tarde entrega de notas a los padres, muchas de las cuales ya he entregado por la mañana por lo que me dedico a despedirme de mis alumnos. En el coche todo preparado para lo que será el lugar de mis exámenes: GRANADA (no sé cómo ni por qué). Todo listo o casi… A las dos horas de autovía, me acuerdo de que no llevo bragas en mi maleta, ¡joder! Toca ir de compras nada más llegar. A la casi tres horas llego a mi destino. Abro maletero y…uy, uy, uy…aquí falta algo...¡¡¡APUNTES, PROGRAMACIÓN y MÉRITOS!!! Imprescindibles sino quiero dedicarme a mendigar el resto de mi existencia. Un calor sofocante empieza a recorrerme el cuerpo, pequeños temblores, me insulto una y otra vez… Llamo a mi compañera-amiga Elena, Elena, mira a tu alrededor a ver si ves alguna cosa mía…segundos interminables…Jarita….no problem! Sergio te los lleva al autobús que va para Granada. Después de llamadas varias, no hay ni una remota posibilidad de que los documentos lleguen a tiempo. No queda otra. Vuelta al Estrecho. 10:30 de la noche.
Percepción de CAI...

Cai, de la que ya he hablado alguna vez, espera en Granada la visita de su amiga. Aunque aún no sabe que en unas horas estará tocando, literalmente la arena del estrecho. Cuando se entera de lo ocurrido y es testigo de mi angustia bien merecida, no se atreve ni a reprocharme la falta de cohesión mental que vengo padeciendo desde que mi madre me parió. Todo lo contrario, empieza la aventura de la semana: prepara bocadillos, agua fría y bombones italianos y, sí, señoras y señores…el ¡¡BIKINI!! aún siendo consciente de que la estancia no se demorará más allá de las ocho de la mañana y no llegaremos antes de las dos de la madrugada. Claro ejemplo de alguien que se crece ante la adversidad. Sin embargo ni ella es capaz de positivizar el hecho potencialmente catastrófico de acabar en medio de la autopista con menos de 20 km de gasolina en mi depósito. Afortunadamente, encontramos una justo al límite de mis nervios. El día acaba con un breve paseo por la arena en una noche en donde la niebla se traga al peñón y nos deja con la aventura a medias. A la mañana siguiente la preocupación de la amiga siguen siendo las bragas que, tras recordarme varias veces, meto por fin en la maleta. Dos percepciones de una misma realidad que a estas horas puedo contar con la seguridad de tenerlo todo bajo control...¿o no?
Hoy, 15 de Julio, sí puedo decir con seguridad que todo está bajo control; aprobé y soy poseedora de una plaza hasta el resto de mis días...quién lo hubiera imaginado.
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martes 1 de julio de 2008
IES García Lorca 07/08 Algeciras
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