viernes 3 de octubre de 2008

Vuelvo a Casa


El llevar tres semanas en mi nuevo emplazamiento sin haber creado una entrada digna de alguien que pega un saltito, o un gran salto para muchos, en la escalera de su vida; de alguien que, según otros, empieza a vivir realmente la vida, puede dar la impresión de que, en vez de un paso adelante,ha dado un paso hacia atrás. Y, puede ser este mi caso. No hubo destino para Cádiz, no hubo magnífico centro ni precioso ático. Vuelvo a casa... y para quedarme, al menos durante los próximos dos años. En Agosto,a pocas horas de la boda de Santi me machacaron con la noticia de un destino en Pama del Río, pueblo de mi familia a 5o kilómetros de Córdoba. El resto del verano pasó sin pena ni gloria, reorganizando mi vida, mis sueños y mis objetivos. En Septiembre, subo tres puestos en la lista y me mandan a Córdoba capital; no es Cádiz ni Málaga, pero el futuro se me torna menos oscuro. No tendré que dar clases a mis primos, cuidar eternamente de mi padre y pasear por las calles de un pueblo, que, aunque forme parte de mí y de mi infancia, ha pasado a convertirse en objeto de malhumor, peleas y tristeza. Nuevo destino: I.E.S. Guadalquivir: compensatoria, barrio marginal, niños problemáticos, mucho trabajo con los/as educadores/as sociales...en fin , un calco de mi antiguo centro en el estrecho. Bueno, pero como siempre digo, todo depende de donde vengas y yo no acababa de trabajar precisamente en un británico con niños de clases media-alta. El cambio ha sido para mejor sin duda. Aquí se acabó el breakbeat, raggaeton y el Canelita sonando por los pasillos; el olor a sustancias extrañas en el recreo y el descontrol con letras mayúsculas. Los niños están cortados por el mismo patrón pero son ligeramente más controlables. El equipo directivo es diferente... y hasta aquí puedo leer; y mis compañeros, muchos de los cuales van a pasar dos años por aquí, tienen bastante buena pinta. Esta vez seré yo la que les indique donde comer, pasear y salir, y a la que le toque empezar a ver Córdoba con otros ojos y otras ganas. Ah! se me olvidaban las cervezas de los viernes al acabar la tarea con mamá y sus compañeros/as. Sí, somos vecinas de instituto, acera con acera. Una tierna casualidad...

lunes 8 de septiembre de 2008

COLDPLAY en Madrid 2008




El domingo pasado fui una de las 15000 privilegiadas/os en poder ver a la banda de Chris Martin, COLDPLAY, en directo en Madrid. Todavía hoy no puedo evitar estremecerme al acordarme de la escasa hora y media de música que nos regalaron. Un concierto impecable, perfecto, increíble... cualquier adjetivo es poco para describir lo que mis amigos y yo vivimos esa anoche. Desde la primera hasta la última canción la gente no paró de bailar, tararear el OOOOhhhh OOOOOhhhh OOOOOHHHH de Viva la Vida entre una y otra... Hacía tres años que no venían por aquí y ha valido la pena la espera. Con XY, Ana y yo pudimos verlos desde la primera fila. Esta vez, ha sido imposible. Los seguidores del grupo se han multiplicado por cientos y a mitad de la pista ya había un tapón que nos hacía imposible avanzar. Idea, subir a las gradas justo del centro del escenario. Sin duda la mejor de todas, en cuanto el de seguridad de la parte VIP de las gradas se despistó, allí estábamos los cinco corriendo para verlos justo en frente, sin pisotones ni agobios. Lo mejor del concierto cuando salieron del escenario para ir colocarse a nuestra izquierda, a tan sólo veinte metros!!! Ah! y por supuesto esa lágrimas de JP al escuchar In My Place! En fin, no tengo palabras para describirlo, sólo esperar a que vuelvan pronto o coger un vuelo y verlos en su isla. El mejor concierto de mi vida!!!

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jueves 28 de agosto de 2008

Algarve 2008



Después de muchas horas delante de agencias de viajes, dentro y fuera de la red; discutir las ventajas y desventajas de viajar a Argentina en su invierno, a Túnez en su verano o a la Riviera Maya a un aburrido resort all included, mi hermano postizo y amigo, Michel, y yo, nos decidimos por el país vecino, Portugal. Yo llevaba años sin ir y él no había visitado el sur. En diez minutos todo decidido, él baja de Barcelona en coche, me recoge y nos vamos a la aventura sin un hostal, hotel, ni similar, esperándonos. Eso sí, sabemos que no se nos pueden olvidar los bañadores ya que el viaje se resume en recorrer la costa sur del país.

Viernes Día 8: Salimos temprano para llegar a Sagres y pegarnos el primer chapuzón a la hora de comer. Sin embargo y debido a la filosofía ya acordada de no planear nada, paramos en Huelva en el pueblo de mi compañera de piso de Algeciras, Villablanca, que nos invita a comer productos de la tierra. Tengo que decir que después de haberla chinchado todo el año con su micropueblo, me pareció un pueblito con mucho encanto. Aún así, Michel se descojona con el nombre de uno de sus bares, “El Punto del Chirri”. Llegamos a la isla de Tavira en Portugal y cruzamos en un barco por 1.50 euros. La isla, que se encuentra en la frontera, está atestada de turistas españoles y portugueses. No es lo que buscamos pero nos damos un baño en aguas verdes y espesas por las algas. Hasta la punta de la barbilla del país no queda mucho así que lo hacemos del tirón. Una vez en Sagres y algo temerosos de no encontrar un sitio decente donde pasar la noche, acordamos que sea como sea queremos abrir la ventana de la habitación y ver el Atlántico. Dicho y hecho, 65 euros la noche y un raro olor a casa húmeda y vieja pero las vistas se pagan. Nos damos cuenta que es muy fácil encontrar “Cuartos, Rooms o Zimmers” por todos lados. Si en Tavira encontramos turismo familiar aquí sólo vemos a grupos de surferos que buscan en las playas de Portugal el espacio que en verano es imposible encontrar en la costa española. Ducha rápida y a probar el Vinho Verde en la “Casa Azul” (vino blanco típico de aquí). La botella que acabamos compartiendo nos abre el apetito y a unos metros nos encontramos con el restaurante “O Pescador”. Por 25 euros nos damos el lujo de una cena pantagruélica a base de arroz con marisco, en dónde el arroz es casi inexistente ya que la enorme cazuela esté repleta de marisco de todo tipo. La cena y la segunda botella de vinho verde acaba con nosotros en la cama a las 11 de la noche.

Sábado Día 9: El día se levanta radiante y tenemos una espléndida playa para nosotros justo en frente. Desayuno, café y batido de chocolate oyendo las olas. El agua está helada pero encontramos una roca dentro del agua, mullida por las algas y perfecta para tomar el sol. Antes de comer queremos ver el Cabo de San Vicente, espectacular por sus acantilados y sus aguas turquesas. Punto de encuentro de hippies venidos de todos lados. Me impresionan dos niños de no más de seis años con rastas a lo Bob Marley. Aprieta el gusanillo así que nos vamos a un pueblo cerca, Vila Do Obispo. En el restaurante Palherio comemos percebes a muy buen precio y un plato de pescado. Aún con lo bañadores húmedos seguimos en busca de playas desiertas y encontramos Praia Barranco en donde la arena nos azota de tal manera que tenemos que irnos. El coche tiene ya tanta arena y polvo y nuestros cuerpos y ropa tanta sal y humedad que empezamos a impregnarnos del espíritu bohemio de los que nos rodean. Para pasar lo que queda de tarde llegamos a Praia Zavial, arena blanca, rodeada de acantilados y lo más importante, vacía. Después de unas horas y ya cansados de descansar nos dirigimos al coche, pero algo falta en mi bolso… las LLAVES. Empiezo a sentir ese tan familiar estado de pánico. Corriendo como hacía tiempo que no hacía, llego al lugar donde estábamos, después de veinte minutos rayando dos metros cuadrados de arena con mis dedos, encuentro la batería también perdida de la cámara de Michel, y empiezo a escuchar a lo lejos como alguien me chilla. Sin distinguir si era a mí o si era el propio viento del atlántico me dirijo al coche a que el niño me ayude a rastrear, y allí me lo veo triunfante con llave en mano, la cual había sido llevada al chiringuito por algún solidario transeúnte. Acabamos el día cenando al lado del hotel; cena ligera y a la cama. Todavía nos queda costa por recorrer…

Domingo Día 10: Desayunamos en el mismo sitio de la cena (café y croissant para mí, batido y sándwich para él). Las mesas de alrededor llenas de surfistas que se dirigen a Praia Amado en Carrapateira. Enorme playa de olas, tablas y escuelas de surf. Después de disfrutar del lugar un buen rato, nos tomamos un par de cervezas Sagres en el chiringuito. Tíos/as buenos/as tostados por el sol y con la tabla bajo el brazo y Michel y yo disfrutando cada sorbo y sin un ápice de estrés en nuestros cuerpos. Sin embargo, el ansia de seguir viendo nos anima a investigar y paramos en Bordeira. Sin duda la mejor playa. Una duna kilométrica de arena blanca y templada nos conduce hasta el mar guardado entre acantilados. La llegada es más dificultosa que en la anterior por lo que está medio desierta. A las dos horas, el hambre nos empuja a un restaurante cercano. Esta vez toca caldeirada de pescado, que volvemos a engullir con vinho verde como ayuda. Para acabar el día elegimos la Praia Mons Clerigo a los pies de un pueblecito lleno de gente pero cuyos habitantes pueden presumir de vivir en la mismísima arena. Como digestivo un par de caipirinhas y un chapuzón al atardecer. No hay nada como estar de vacaciones… De vuelta en Sagres nos damos una ducha y nos abrigamos con lo poco que hemos traído ya que las noches son frías por aquí. Cena en la Casa Azul, un hotelito con mucho gusto para la decoración, el trato y la comida. Ensalada y pizza. Hoy toca sobrepasar nuestras acostumbradas 11 de la noche así que vamos a un sitio chill out que hemos visto a la entrada, Warung, muy pero que muy chill pero no nos dejan fumar dentro y con unos mojitos se nos hace difícil no caer en la tentación así que vamos fuera, donde engañamos al frío a base de ron con hierbabuena y anécdotas. Llegamos al hotel con la risa tonta de un día perfecto.

Lunes Día 11: Amanece nublado pero hoy toca hacer kilómetros hasta Lagos por lo que esperamos que el sol nos vuelva a acompañar en el viaje. Llegamos al pueblo sin saber muy bien hacia donde dirigirnos así que aparcamos en el centro. Por primera vez andamos más de dos metros por asfalto. Calles en cuesta adoquinadas que conducen a pequeñas placitas con tiendas de turistas y restaurantes. En uno de los mapas que conseguimos de la oficina de turismo, se nos recomiendan las playas que quedan a la derecha de las murallas. Se trata de pequeñas calas a las que se accede con barcas o kayaks que atraviesan grutas y enormes formaciones rocosas con caprichosas formas. El barquero que nos lleva y con el que acordamos nos deje en una de las calitas de lugar, nos señala las formas más peculiares que nos vamos encontrando: un camello, mujer embarazada, elefante, catedral... El trayecto, que dura 20 minutos, acaba en una playa de unos 30 metros de larga, que Michel y yo utilizamos para dejar las cosas y comer un bocadillo, el resto lo pasamos nadando, entrando en pequeñas cuevas, en busca de la playa perfecta. Por la noche, y como despedida, arroz con marisco o mejor, marisco con arroz y antes de llegar al hotel un tequila y un par de mojitos alternando con los surfers de la zona, y algún que otro personaje neohippie mientras el señor Marley suena de fondo…

Martes Día 12: El día se levanta lloroso y gris. Más o menos como nuestras cabezas. Desayuno y despedida de Portugal. Antes de cruzar la frontera aún nos queda algún rincón que visitar. Elegimos Armacao de Pera, cerca de la frontera. La playa del pueblo está atestada de gente y sombrillas por lo que deshacemos nuestros pasos en busca de algo más recogido. Al fondo hay una pequeña cala desde donde podemos nadar en busca de otras que estén desiertas. Es increíble como la gente prefiere compartir su espacio vital con cualquiera cuando a pocos metros está el paraíso en forma de arena y mar. Michel y yo lo encontramos nadando. La playa perfecta, arena amarilla, nadie alrededor y la amplitud del salón de tu casa. Las paredes que la recubren son de arcilla amarilla que Michel no duda en utilizar para cubrirnos el cuerpo y dejarlo secar tumbados en la arena. El tiempo vuela y nos esperan en Cádiz así que almorzamos en la arena un bocadillo y una cerveza con los que cogemos fuerzas para llegar al que, a mi parecer llega a ser el verdadero paraíso de la península...


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Otoño en Córdoba


domingo 27 de julio de 2008

The Metros


Hace unos días me encontré por la red una nueva banda punk de niños londinenses, THE METROS. Sin ningún álbum aún en el mercado han conseguido con sus tres singles, Education Pt. 2, Last of the Lookers and Talk About It hacerse escuchar en su isla, por ahora. Con influencia de los Arctic Monkeys, The Strokes o The Libertines, los cinco miembros de la banda apenas cuentan con 18 años y ya componen letras con un alto componente social. Para escuchar su álbum debut, More Money Less Grief tendremos que esperar hasta Septiembre.


martes 15 de julio de 2008

Ida y Vuelta, Dos Percepciones Antagónicas

20 de Junio 2008
Qué mejor lugar para relatar los acontecimientos del fin de semana que el acto de presentación de las oposiciones. Dos horas sentada en un pupitre de escuela mientras la competencia va entregando sus maravillosas programaciones y sus pesados lotes de méritos. Comienza la historia…

Percepción de JARA...



Con pocas horas de sueño debido a la visita sorpresa de Ana y Pepe a Algeciras de la noche anterior, dedico el jueves en el instituto a la re-re-re organización de la programación; la recogida de los libros de los alumnos de mi tutoría con su consiguiente catalogación (desde P=Perfecto a M=Marrano...o malo…no recuerdo). Por la tarde entrega de notas a los padres, muchas de las cuales ya he entregado por la mañana por lo que me dedico a despedirme de mis alumnos. En el coche todo preparado para lo que será el lugar de mis exámenes: GRANADA (no sé cómo ni por qué). Todo listo o casi… A las dos horas de autovía, me acuerdo de que no llevo bragas en mi maleta, ¡joder! Toca ir de compras nada más llegar. A la casi tres horas llego a mi destino. Abro maletero y…uy, uy, uy…aquí falta algo...¡¡¡APUNTES, PROGRAMACIÓN y MÉRITOS!!! Imprescindibles sino quiero dedicarme a mendigar el resto de mi existencia. Un calor sofocante empieza a recorrerme el cuerpo, pequeños temblores, me insulto una y otra vez… Llamo a mi compañera-amiga Elena, Elena, mira a tu alrededor a ver si ves alguna cosa mía…segundos interminables…Jarita….no problem! Sergio te los lleva al autobús que va para Granada. Después de llamadas varias, no hay ni una remota posibilidad de que los documentos lleguen a tiempo. No queda otra. Vuelta al Estrecho. 10:30 de la noche.

Percepción de CAI...




Cai, de la que ya he hablado alguna vez, espera en Granada la visita de su amiga. Aunque aún no sabe que en unas horas estará tocando, literalmente la arena del estrecho. Cuando se entera de lo ocurrido y es testigo de mi angustia bien merecida, no se atreve ni a reprocharme la falta de cohesión mental que vengo padeciendo desde que mi madre me parió. Todo lo contrario, empieza la aventura de la semana: prepara bocadillos, agua fría y bombones italianos y, sí, señoras y señores…el ¡¡BIKINI!! aún siendo consciente de que la estancia no se demorará más allá de las ocho de la mañana y no llegaremos antes de las dos de la madrugada. Claro ejemplo de alguien que se crece ante la adversidad. Sin embargo ni ella es capaz de positivizar el hecho potencialmente catastrófico de acabar en medio de la autopista con menos de 20 km de gasolina en mi depósito. Afortunadamente, encontramos una justo al límite de mis nervios. El día acaba con un breve paseo por la arena en una noche en donde la niebla se traga al peñón y nos deja con la aventura a medias. A la mañana siguiente la preocupación de la amiga siguen siendo las bragas que, tras recordarme varias veces, meto por fin en la maleta. Dos percepciones de una misma realidad que a estas horas puedo contar con la seguridad de tenerlo todo bajo control...¿o no?

Hoy, 15 de Julio, sí puedo decir con seguridad que todo está bajo control; aprobé y soy poseedora de una plaza hasta el resto de mis días...quién lo hubiera imaginado.

martes 1 de julio de 2008

IES García Lorca 07/08 Algeciras

Se acabó, tal como llegué me voy. Nueve meses de emoción de primeriza, molestias mañaneras, dudas, cansancio físico y mental, alguna náusea bien llevada, ternura desconocida, acritud momentánea, sueños y pesadillas…y alguna visita a mis médicos de cabecera (Elena, Cristina y Sergio). Un parto cuyo fruto han sido nueve meses de experiencias dispares, difíciles de resumir en un par de párrafos, sin dejarme llevar por los momentos límites a los que acostumbra trabajar en el IES García Lorca del barrio del Saladillo de Algeciras.
Momentos que duran minutos pero que, como la primera contracción o patada de un bebé, permanecen ahí toda la vida. No ha sido fácil el camino de semana en semana, de estación en estación. Nunca me dijeron en la facultad que me toparía con críos con situaciones familiares tan catastróficas, tan paralizantes desde el punto de vista educativo. Nunca me enseñaron a olvidarme del currículum ante un niño recién llegado de Marruecos al que le cuesta mirarme a los ojos; o ante una adolescente que sólo espera el bis a bis con su madre en la cárcel; o niños que no ven la utilidad de los idiomas porque no imaginan que haya un mundo más allá de los límites de su barrio. Sin embargo, me han enseñado a reconocer la importancia de pertenecer a un sitio, a despojarme de prejuicios inútiles, a discernir entre lo que por ley debo enseñar y lo que realmente debe ser enseñado.
Me voy de Algeciras con un gusto agridulce en el paladar. Con un haber podido hacer más pero sin el tiempo ni la experiencia previa necesarios. Me gustaría hacer las maletas mientras pienso que alguno de los niños se ha quedado con algo de lo que algún día dije en clase, en el pasillo o en el recreo. Yo, sin duda, reconozco en éstos, los nueve meses más fructíferos de los últimos años, aunque también los más duros sin lugar a dudas. Sólo decir queda…¡prueba superada!

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