Escrito por Miguel Santa Olalla el martes, 11 de julio de 2006 en Primer Encuentro de Edublogs -(2173 hits)
- ¿Por qué un profesor con una bitácora no es un “blogger”?
- ¿Qué es un profesor TIC?
- ¿Cuáles son las buenas prácticas del profesor TIC?
La respuesta a la primera pregunta podría ser la siguiente:
un profesor no debe vivir en la blogosfera o para la blogosfera. Entre otros
muchos fenómenos, a menudo podemos comprobar cómo las bitácoras generan
competitividad e implican, hasta cierto punto, el desarrollo del propio ego.
Todos aquellos que escriben pendientes de las visitas que reciben, los enlaces
o los comentarios, y que incluso llegan a ofenderse por este tipo de variables
pueden ser un buen ejemplo. Las polémicas que una y otra vez generan los
rankings y los premios a bitácoras vienen a confirmar esta tendencia. Además,
el “blogger” dedica parte de su tiempo a leer otras bitácoras, de las que
extrae mucha de la información que maneja.
Por si todo esto fuera poco, lo que se nos presenta como una
revolución reproduce características de la sociedad en la que se produce: en el
mundo de los blogs también los periodistas, políticos, o personajes que sean
referentes en el mundo de la cultura ejercen una especial influencia, por lo
que la llamada “horizontalidad” de la información debería ser replanteada.
Alrededor de los “blogs” surge, por otro lado, toda una “industria cultural”
(término utilizado, con un sentido distinto al que aquí aparece por Th. W.
Adorno): expertos, profesores universitarios, políticos o empresarios para los
que las bitácoras son una “forma de vida”, lo cual puede ser legítimo, pero no
debe convertirse en ejemplo de un profesor que utiliza bitácoras. Libros
publicados, congresos universitarios, apariciones en los medios masivos (que
por otro lado tanto se denostan desde las bitácoras, situación no carente de
cierta tensión interna) son buenos ejemplos de esta “industria” generada. Los
mensajes que nos llegan desde estas instancias deben ser leídos, cuando menos,
con cautela.
Frente a esto, el profesor no es un “blogger” porque debe
utilizar esta herramienta siendo consciente de sus limitaciones y de las
implicaciones que su uso conlleva. Afecta a la enseñanza de un modo que el
profesor no puede ignorar. El profesor que utiliza bitácoras debe hacerlo con
fines educativos o culturales, pero nunca buscando enlaces, visitas, alimentos
de ego, o fines ajenos a la educación (promoción personal a nivel político,
búsqueda de salidas más o menos “dignas” del aula, contactos en la
administración...) El profesor desarrolla su trabajo en el aula, no en la
“blogosfera”, y sólo dentro del aula (o en los procesos de
enseñanza-aprendizaje que esta implica) pueden resultar útiles todas las
herramientas TIC. El profesor aspira a enseñar, algo que, nos guste o no, no es
un fin primordial en el mundo de las bitácoras. Por ello se deben tener bien
claras cuáles son las virtudes de las bitácoras y aprovechar todas sus
posibilidades educativas.
Para responder a la segunda pregunta no podemos olvidar lo
que denominábamos “cantos de sirena”: en el mundo educativo se entrecruzan
intereses de lo más diversos, que no siempre coinciden con los objetivos de la
educación. Investigando en nuevas tecnologías conviene saber por dónde nos
movemos: quizás, sin saberlo, estemos haciéndole el “juego sucio” a las grandes
empresas corporativas que patrocinan congresos en diversas comunidades
autónomas, o a los cargos políticos de la administración que, sin prestar en
ningún momento ayuda o interesarse (al menos en ciertas comunidades) por los
profesores que están invirtiendo tiempo y dinero en este proceso, encuentran
después justificación para organizar políticas educativas de nuevas tecnologías
en las que no se tiene en cuenta al profesorado. Por ello, los profesores TIC
deben utilizar las nuevas tecnologías, pero por las necesidades que detecte
dentro del aula, no por las modas que puedan venir orquestadas desde grandes
empresas u organismos políticos.
Partiendo de aquí, podemos caracterizar al profesor TIC como
aquel que, antes de ponerse a trabajar con las nuevas tecnologías realiza una
reflexión pedagógica seria y profunda, evaluando sus necesidades educativas y
las posibilidades y limitaciones de cada una de las herramientas TIC que tiene
a su disposición, y los posibles significados de su utilización en el aula
(desde el sistema operativo al software libre, pasando por cómo condiciona el
“mensaje educativo” el utilizar bitácoras, wikis, Webquests o Cazatesoros...)
Conviene también que el profesor TIC no viva hipnotizado por las nuevas
tecnologías: él debe saber combinar su uso con otras herramientas (prensa,
radio, televisión, libros, bibliotecas...) Y todo ello lo hace por motivos
pedagógicos, no por intereses personales (buscar la promoción personal,
contactos con la administración), políticos, económicos o ideológicos.
A partir de aquí, podemos extraer diversas “buenas
prácticas” para el profesor TIC:
- No perder contenido educativo por utilizar la TIC.
- Pensar siempre en adaptar las TIC a la enseñanza, no la
enseñanza a las TIC.
- Evitar el activismo tecnológico. El profesor TIC no se “encierra”
con su ordenador en cuanto conoce una nueva herramienta para preparar
materiales sin parar. Se “encierra” consigo mismo al pensar en qué puede y no
puede hacer con esa herramienta y si conviene o no utilizarla. Se debe evitar
el “activismo tecnológico”, y hay que superar el “imperativo TIC”.
- El profesor TIC no utiliza las herramientas para “evadirse”
de otros problemas educativos.
- Hay un imperativo sencillo: “Que tus recursos puedan
aplicarse (al menos pedagógicamente, no somos responsables de la falta de medios) a la clase de mañana”
En conclusión, podríamos decir que el profesor TIC es más “experto”
en enseñanza que en TIC, lo que no impide que, si es posible, deba dominar
ambas áreas. Por su especial lugar en nuestra sociedad, el profesor TIC debe
ser consciente de los intereses externos, y debe ser crítico con las nuevas
tecnologías, lo cual implica mantener una cierta cautela antes de actuar y ser
capaz de valorar prestaciones y limitaciones en todas las herramientas. La
educación vale más que la tecnología.
Antes de terminar, hay que agradecer a Daniel Primo
su colaboración en la elaboración de la presentación. También a la organización
(Aulablog y el Tinglado) por pedirme en su día que preparara una comunicación, a Luis Barriocanal por animarme a escribir estos resúmenes
y, cómo no, dar las gracias a todos los profesores con los que hablé durante
el encuentro, cuyas impresiones y opiniones me ayudaron a elaborar mis
comentarios iniciales, que aparecieron en la anotación de ayer. Lo que habeis leído en estas anotaciones es, esencialmente, el contenido de la comunicación
presentada el viernes pasado. Ojalá sirva para extender la reflexión y el diálogo
en la comunidad educativa.
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