
Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Hoy hay programadas manifestaciones y paros de estudiantes contra “El plan Bolonia”. He visto a mis alumnos preocupados con el tema y a la mayoría sin tener una idea clara de qué es Bolonia. En este sentido me parece que discutir sobre ello puede dar una refrescante y necesaria dosis de realidad a algo a menudo tan abstracto como es la filosofía (de la educación) y en alguna clase sobre todo he querido escucharles y, tras mucha insistencia y con alguna reticencia, dar mi modesta opinión siempre parcial y sujeta a críticas. He quedado con ellos, también, en ofrecer una serie de entradas dedicadas al tema en el blog, invitando a todos los lectores del mismo a que intervengan con comentarios, alumnos y no alumnos de mis asignaturas. Cumplo con ello un estimable principio filosófico y educativo: que haya voces distintas en un debate rico y productivo, en el que salgan todos los aspectos y matices posibles en torno a algo que va a influir tanto en nuestras vidas académicas y extraacadémicas como es Bolonia. Como primer paso, me limitaré a manifestar una observación a partir de la cual pueda continuar la reflexión compartida sobre el Plan Bolonia. Es algo que he podido constatar durante algunos años. Se trata de la ausencia, o al menos yo así lo he percibido, de voces y argumentos discrepantes que cuestiones algo que se ha dado ya por hecho que es bueno. Sí, sabemos por qué es bueno, pero no sabemos por qué pudiera ser, acaso, malo. No he oído ni leído apenas exposiciones de puntos de vista contrarios a Bolonia hasta muy recientemente, y eso me asusta. Desde luego tengo al respecto varias hipótesis que expliquen este raro fenómeno por el que por primera vez en la historia humana todos pensamos igual. No voy a detallarlas en esta primera entrada, auque acaso sea más preciso en próximas entradas y en el debate que espero se produzca en este blog. Desde luego resultan asombrosos la parsimonia y el mudo asentimiento con el que todos venimos aceptando desde hace unos años una serie de dinámicas que creo que afectan seriamente al tan cacareado fomento del espíritu crítico en las universidades. Tendré que argumentar esto, desde luego. Hoy, sobre todo, me limito a dar fe de este prolongado asombro de unos años acá que he padecido. Felizmente, y para ser justo, ya he oído alguna voz recientemente, en una reunión de trabajo, que dio nombre a mucho de lo que está pasado. Expresó, si recuerdo bien, que padecemos un absoluto imperio de lo que hace muchos años otra voz denominó racionalidad instrumental. Una razón de la que escapa todo elemento utópico, sobre los fines y valores últimos que nos mueven. Pero aquellos eran tiempos extraños a nosotros, tiempos en que los intelectuales denunciaban y a veces tenían incluso que exiliarse. Hoy ya no hacen falta esas cosas… Porque aunque existe el exilio, ya no hay quien le exilie a uno. Esto es, sencillamente, espantosamente kafkiano. Así pues, mi primer paso para iniciar esta discusión pública ha sido constatar un raro pensamiento único que parece haberse impuesto en todos nosotros en la enseñanza, por un lado, y por otro, en relación con ello, un kafkiano imperio de la racionalidad instrumental que acaso nos haga acabar como Gregorio Samsa en La Metamorfosis.