Recuerdos anarquistas

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El hecho de que el reportaje sea de la televisión nacional española y de 1997 (gobernaba la derecha en España) garantiza que no hay una intencionalidad política a favor de lo que se trata en él. Aun más, lo que puede esperarse cuando se aborda el anarquismo tanto por la derecha como por la izquierda, no es precisamente opiniones a favor. A veces, incluso se oculta, como es el caso de la famosa fotografía del miliciano muerto en plena batalla durante la Guerra Civil. El hombre, del que se conoce la trayectoria vital y su nombre, no era un “soldado republicano”, ni comunista, como se suele decir, sino que era un miliciano anarquista. El caso es que el documental, de una hora y media, desarrolla desde el siglo XIX hasta el final de la Guerra Civil, en 1939, todo lo relacionado con el anarcosindicalismo español (CNT, FAI) y la desbordante vertiente pedagógica y cultural del anarquismo (ateneos, Escuela Moderna, la figura de Ferrer y Guardia y un largo etcétera). Para empezar, en el documental se resalta que el anarquismo no correspondía con la mala prensa que normalmente tiene dicho movimiento. Se reconoce que es, en efecto, un movimiento social-cultural con mala prensa, pero cualquier prejuicio de los que suelen tenerse en relación con él es desmentido al estudiar imparcialmente lo que sucedió. Por ejemplo, frente a la asociación del anarquismo con la violencia, en la hora y media de reportaje resulta conmovedor asistir a la riqueza, el optimismo y la fe pacifista en el hombre que emana de esta corriente de pensamiento. Es patente que el anarquismo, en esencia, no fue un movimiento violento, sino al contrario. Es sorprendente verlo demostrado en un documental de la televisión pública española y del año 1997. La vertiente violenta se asoció lógicamente sobre todo a la guerra y las milicias, pero resulta injusto detenerse en este aspecto, propio de una época muy violenta tal como la vivieron todos los bandos en conflicto del momento. La impresión, al contrario, es de una gente que, aun en los sectores más desfavorecidos, hizo gala de una madurez ilustrada que en muy escasos periodos de la historia ha generado un pueblo como el español. Fue pionero en la emancipación de la mujer (con la primera ministra mujer en la historia de Europa, y bastante olvidada por cierto: Federica Montseny). Se volcó con una ilusión y creatividad exuberante en la creación de grupos de cultura, de lectura, de estudio, investigación. El conocimiento se difundía gratis y sin trabas. Los obreros cenetistas se destacaban de hecho por leer constantemente, cuanto podían, en cualquier tiempo libre que tuvieran. Se editaron una cantidad desbordante de revistas que se vendían en la Rambla de Barcelona, libros, libros de texto, métodos de lectura, métodos para aprender matemáticas, divulgación científica, sanitaria (educación sexual, ya en la época). Se comprueba que el verdadero frente de aquel movimiento no fueron las armas, sino la cultura y la educación, abordadas con una ilusión ejemplar y desinteresada de la que todos deberíamos aprender. Según resaltan varios entrevistados en el programa, el anarquismo es sobre todo una forma de ser y de vivir. Recuerdo una mujer que vivió la segunda oleada de la CNT en la Transición española, que me decía que en la CNT había encontrado el único grupo de los de la época donde nunca se sintió marcada como mujer, sino tratada como una persona más. De lo que puede desprenderse del documental, fue gente (millones) que supo organizarse pacífica y productivamente, con orden y racionalidad. Sí, he dicho con orden, un orden nacido de la buena voluntad, de querer hacer bien las cosas, de no querer abusar de nadie, ni competir, ni ser más. De hecho, no se le puede atribuir al anarquismo, precisamente, el interés en “mandar” que sí tienen los demás grupos y asociaciones humanas, sobre todo las políticas, claro (con la excepción actual del zapatismo en Chiapas). De hecho, con la tan discutida excepción de los cuatro ministros que llegaron al gobierno por las razones específicas y la coyuntura de la época en que salió perdedora la derecha en la II República, los anarquistas no tenían ni tienen cargos, ni nadie acumulaba poder… pero asombrosamente, duplicaron la producción de las tierras colectivizadas, erradicaron el hambre, abolieron el dinero y organizaron Barcelona y Cataluña durante más de dos meses, en un periodo en el que las fábricas cuadruplicaron la producción. Hubo, pues, prosperidad económica hasta el punto de no existir el paro ni la pobreza. Se demostró que las causas del hambre estaban en los propios hombres, ya que con el trabajo y la producción en manos de los anarquistas, hubo riqueza y orden. Así pues, según uno ve el reportaje, van desmontándose y cayendo todos los prejuicios que se tenían acerca de un movimiento tachado de violento, anti-sistema, caótico… (¡Incluso en lo militar se sabían organizar bien y funcionar sin la tradicional cadena de mandos!… increíble). Nada de eso se sostiene cuando se estudia libre de prejuicios lo que ocurrió en ese olvidado rincón de nuestra memoria histórica. Fue algo asombroso, digno de perpetuo recuerdo y admiración, ya que, sin tener por qué repetirlo, sí pueda ofrecernos algunas claves para vivir bien, sanamente, en un tiempo ya tan distinto como es el nuestro. Finalmente, resulta conmovedor el amor por la libertad de quienes se consideran “libertarios”. Todos los entrevistados en el programa se emocionan y casi lloran describiendo una sociedad de personas libres, que fue real en aquellos años. Vivían con fe en el ser humano, sin ánimo de hacer daño y con una gran ilusión por ayudarse mutuamente y realizar de facto un mundo mejor. En la Barcelona tomada por los anarquistas, sin autoridades civiles ni la Generalitat, ni policía ni ejército, durante dos meses, se debió vivir en un clima difícil de imaginar para nosotros. Entonces, paseando por sus calles, trabajando en las fábricas, en la escuela o en los bares, lo evidente, lo obvio, lo fácilmente constatable debió ser que “el hombre es bueno por naturaleza” y que podemos vivir bien sin necesidad de muchos elementos considerados imprescindibles pero que nos perjudican antes que ayudarnos.

Acerca de Marcos Santos

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Profesor

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