A petición de la internauta “Verónica” incluiré un artículo de opinión sobre un tema que ha levantado ampollas en los últimos días y que ha explotado como la pólvora esparciéndose por múltiples webs españolas. Si bien en este blog no se suelen incluir artículos de opinión, dado que el implicado es un filósofo y que el tema es un tema ético (me refiero a la no violencia) he decidido que puede ser interesante plantear una postura inicial que sirva como estímulo, de manera que tanto el alumnado que lo lea como las personas que visitan este blog puedan opinar, iniciando así un diálogo filosófico.
El tema no es otro que la polémica surgida tras la publicación en el periódico nacional El País de un artículo del filósofo Enrique Lynch titulado Revanchismo de género, en el que critica la campaña del Ministerio de Igualdad para prevenir la violencia de género.
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Para organizar un poco el tema comenzaré expresando mi opinión sobre la campaña y después la opinión sobre el artículo. Pues bien, considero que el eslogan de la campaña (a saber, “De todos los hombres que haya en mi vida, ninguno será más que yo”) no era precisamente el más adecuado de acuerdo con el objetivo que se pretendía lograr. Recuerdo que la primera ocasión en que lo vi en la televisión no pude evitar pegar un respingo en el sofá. Solo una vez que el anuncio continuó y comprendí la intención del mensaje me quedé algo más tranquila. De todos modos, no le di mayor, importancia.
No obstante, ya que toca analizarlo, es cierto que la frase resulta demasiado ambigua, o vaga, si queremos decirlo así. Y lo es porque se puede entender que se refiere a todos los hombres que puedan ser las futuras parejas de la protagonista del anuncio, y no a sus amigos o conocidos, como se ha querido hacer notar después.
Dado este caso, me parece que una no puede decidir ser más o ser menos que otra persona. Porque una es lo que es, y si, pongamos por caso, tu pareja es un científico de primer rango que trabaja en la NASA, pues qué le vamos a hacer, en ese aspecto probablemente la pareja “sea más” que una. Todo depende de qué aspecto se esté valorando y de quién lo haga (alguien puede opinar que la persona “X” no vale nada mientras que otro individuo puede tener a “X” en la más alta consideración). ¿Cómo se mide quién”es más”? ¿Por qué reintegrar la competitividad en las relaciones de pareja? ¿No será mejor trabajar en equipo que competir? En definitiva, que una no puede evitar ser lo que es. Y mucho menos apropiado me parecería el elegir a parejas claramente menos dotadas con el objetivo de sentirse más importante, por aquello de la comparación.
Otra cosa muy distinta es que la posible pareja de una “pretenda ser más”, “se las dé de superior” o tenga una actitud soberbia, arrogante y estirada. Así, podríamos distinguir entre el ser y el “querer ser”, que son cosas muy diferentes. Si alguien nos mira por encima del hombro o nos recuerda constantemente que en algún aspecto nos supera con creces, ese alguien tiene un problema, y si es nuestra pareja, nosotros o nosotras también lo tenemos.
¿Qué variante del eslogan se podría elegir para mejorarlo? Ese es asunto harto difícil, especialmente si no se es publicista. Pero parece más adecuado decir “Nunca una pareja mía me tratará como a una inferior” o algo similar como “No aceptaré nunca más que una pareja me humille”, “No me rebajaré nunca más para agradar a una pareja”, etc. (Se aceptan sugerencias, ya que estas variantes no son muy buenas).
Dicho esto sobre el eslogan, cabe matizar que la reacción de Enrique Lynch no solo es desafortunada, exagerada, y con argumentos mal traídos sino que termina deslizándose hacia expresiones chuscas y chabacanas nada apropiadas para el tono elevado con el que comenzó a escribir su artículo. Se conoce que, a medida que tecleaba se fue envalentonando, y escribió de más. Ya se sabe, “por la boca muere el pez” y no es lo mismo una charla informal tomando unas copas con los amigos en un bar, que un artículo de opinión en el que esa persona firma en calidad de alguien con cualidades deliberativas, formación elevada y juicio recto.
Que de la crítica de un eslogan se pase a la sorpresa iracunda ante la posibilidad de que las mujeres españolas practiquen la monogamia sucesiva (raro es encontrar a la pareja perfecta a la primera), a temer que se esté incitando a las mujeres a imponerse o despreciar a los varones, a culpar a las mujeres de la violencia que se ejerce contra ellas por su actitud presuntamente altanera como pareja o estúpida como criadora (nada se dice de los criadores varones), a afirmar que las jóvenes educadas en igualdad son poco menos que unas petardas que visten de forma zafia a lo “pretty woman” y carecen de sentimientos, es totalmente desproporcionado, violento y fruto preclaro de una mala experiencia personal. (No hablemos ya de lo de citar las canciones o las películas que le vienen en gana como argumento bastante discutible por lo mal traídas que están. Posiblemente el autor pretendía darle un toque de “pop culture” al artículo, que eso siempre vende más).
Para finalizar, solo mencionar que a este señor le recomiendo que duerma tranquilo por las noches, sus predicciones no se cumplirán. Y no lo harán porque:
Primero: no hay una sola tendencia feminista sino que hay muchas. No existe “el feminismo” sino “los feminismos”.
Segundo: dentro de cada tendencia, cada persona opina lo que le viene en gana. No todos los que componen un grupo tienen el mismo parecer.
Tercero: al margen de que las mujeres sean feministas o no, todas ellas tienen cerebro, cabeza propia, voz propia, y están un poco hartas de que se las contemple siempre desde una postura paternalista. Si una campaña es desacertada, la propia inteligencia de cada mujer sabrá filtrarla y asunto resuelto.
Quizás esa sea la razón del verdadero temor del autor: la visión de un mundo en el que las mujeres piensen por sí mismas. En ese caso, sentimos comunicarle que llega tarde. La fiesta ya ha empezado…, y dadas las reacciones que ha levantado su artículo, parece que no va a recibir ninguna invitación.