Contra la separación de docencia e investigación
Publicado por Miguel Santa Olalla el 24 Abril, 2008 - 09:16
Es lamentable que cada dos por tres tengamos que dejar de lado los temas más cercanos a la filosofía y su enseñanza, pero las decisiones que toman los responsables políticos no nos permiten hacer otra cosa. Llegaba a mis manos ayer, una nueva protesta, que parte ahora de la enseñanza superior y en la que todas las especialidades aparecen implicadas. Desde la Universidad complutense de Madrid se ha elaborado un texto contra el modelo universitario aprobado (se puede firmar a través de Internet), que pretende desligar la actividad investigadora de la docente. Alcanzada la condición de grado (algo equivalente a una diplomatura) los alumnos tendrán que elegir entre un master (similar a la licenciatura) especializado en didáctica y otro dirigido a la investigación. Una opción demencial, la que presenta el sistema. Para empezar porque el master en didáctica será impartido por psicopedagogos y no por especialistas en la materia de que se trate. Se pierden contenidos específicos, para ganar en didáctica de la buena, de la que tiene el “sello de calidad” de la mejor pedagogía del país.
Algunos inconvenientes aparecen ya en el manifiesto: la investigación será una opción escogida fundamentalmente por quien pueda permitírselo. Y no sólo eso: los futuros profesores sabrán mucha teoría de la educación, nadie lo duda, pero habrán pagado el precio dejar de lado contenidos específicos y propios. En nuestro caso: estarán al día del cognitivismo, pero ignorarán a los filósofos postmodernos, por poner un ejemplo. La intrusión de la psicopedagogía en los más diversos ámbitos de la enseñanza es constatable. Los últimos veinte años han supuesto, entre otras cosas, que las variables psicopedagógicas sean las ideas rectoras del sistema educativo, sin importar la realidad del aula que el profesor, por lo general, conoce mejor que el pedagogo. Los futuros profesores de secundaria sabrán menos de su materia y habrán sido amaestrados en las artes de la transmisión del conocimiento. Probablemente los que han diseñado este excelente plan piensen que para dar clase en la ESO y el bachillerato tampoco hace falta saber mucho. Luego hablaremos de bajones en el nivel del sistema que quiere ahora introducir docentes con menos nivel en sus propias disciplinas, que en teoría deberían dominar.
Separar docencia e investigación es asumir que el docente no investiga y que aquel que investiga no enseña, no transmite lo investigado. La propuesta es demencial pues se une a otras medidas que tienen consecuencias nefastas: la enseñanza secundaria (ahora unida a “asuntos sociales”) queda completamente desligada de la superior sin ninguna opción de promoción para el profesorado de secundaria. ¿Será esta una medida que nos acerca al cuerpo único de docentes? Mientras esto ocurre, los sindicatos callan entre otras cosas porque sus afiliados son, en su gran mayoría, funcionarios del cuerpo de maestros. El valor de un bachillerato fuerte y digno en contenidos se va desdibujando y ahora parece que ni la universidad podrá ser lo que debería. ¿Algún profesor de secundaria se imagina reducir su licenciatura a 3 o 4 años en lo referente a los cotenidos? Pues por ahí irán los tiros. Con tres o cuatro años de física, química, matemáticas o filosofía, estaremos más que preparados para adentrarnos en el fascinante mundo de la pedagogía. El buen pedagogo que no sabe química, ni física, ni matemáticas será el responsable de enseñarnos cómo enseñar esas materias. Ojalá que la movilización llegue lejos y permitan que una licenciatura (llámese grado o master) incluya los contenidos esenciales y necesarios. Hay otras formas de articular la carrera docente e investigadora, sin que eso implique separarla de la investigación.









