El Apocalipsis según San Docente

Imagen de Juanjo Muñoz
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…Y se abrieron las aulas, y en ellas entraron menores de todo tipo. Desapareció en las tinieblas aquel paraíso perdido de BUP y COU, y empezó a valorarse cada individuo, cada necesidad, y había que atender a todos. Los demonios de la inclusión amenazaron la escuela, y dieron al traste con aquellos recintos sagrados en los que unos pocos, los grandes elegidos, eran atendidos, el gran templo de la memoria. Se oyeron lamentos docentes, gritos desgarradores que recordaban las plagas que habían traído los cuatro jinetes de la LOGSE. Y los siete ángeles, que tenían las siete trompetas, se dispusieron a tocarlas… El primero tocó la trompeta. Y se produjo diversificación y adaptación curricular, y fueron arrojados sobre nuestras aulas alumnos de todo tipo. Y la tercera parte de las aulas necesitaron más atención, y la tercera parte de los viejos apuntes amarillentos fue quemada… Ya no servía lo mismo para todos… Y vi a un ángel fuerte que aún pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el viejo libro? ¿Quién es como éramos antes, antes de antes? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el viejo libro, ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo… …Y vi otra bestia que subía de la tierra. Y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, en uno se podía leer “procedimientos”, en el otro “competencias”, y hablaba como un dragón… Y dejaron de postrarse ante la autoridad esos seres simples con aspecto humano. Y la bestia hace grandes señales, de tal manera que aún hace descender emociones y sentimientos a la tierra delante de los hombres, signos del peor de los posibles males. Y engaña a los habitantes de la tierra, invitándoles a hacer una imagen en honor de la otra bestia, la que tiene la herida de espada y que revivió diciendo: “piensa por ti mismo”. También les fue permitido dar aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen de la bestia se expresara e hiciera que fueran muertos los antiguos procedimientos, nuestros métodos de siempre. Y ella hace que a todos, a pequeños y a grandes, a ricos y a pobres, a libres y a esclavos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente o en el alma, y que todos, todos, puedan pronunciar el nombre de la bestia o el número de su nombre. Aquí hay sabiduría: El que tiene entendimiento calcule el número de la bestia, porque es número de un hombre; y su número es 666. Y los educadores invadieron la tierra.