Cansado, y esperanzado
Publicado por Juanjo Muñoz el 26 Abril, 2008 - 18:03
Estoy cansado. De ver cómo cualquiera afirma y firma, las ideas y los papeles, con tanto espíritu gregario como desvergüenza y falta de honestidad. De ver cómo va tirándose media humanidad al pozo de la resignación mientras la otra media se aparta para que no le salpique. De malgastadores de oxígeno, agujeros negros de cualquier idea, que llevan la negatividad por bandera y se empeñan en alistar cada día nuevos miembros a su ejército de zombies. Ese ejército que hace poco recordaba por aquí Gemma. Cansado del cuchicheo cobarde, ése que se convierte en el espejo que refleja la renuncia a uno mismo. La renuncia del que se acerca a la oreja del más cercano que tenga en cuanto ve que se marcha el objetivo de su veneno. El veneno que, en el fondo, los autodestruye. Cansado. Me pican los ojos de ver alegrarse con penas ajenas, apenarse con alegrías de otros. Me pesa la mirada con esa parte de bípedos semovientes que no levantan un dedo para protestar aunque estén amputándole la otra mano. No los veo más humanos, los veo menos. Me canso, sí, me canso. Estoy cansado de tener razón y de no tenerla. De verlo claro, sencillo. Cansado de pensar que no puedo cansarme, que queda ahí alguien esperando que no lo haga aunque me pesen los brazos…
…Y esperanzado. Esperando que los ojos devuelvan las miradas, que se rinda de una vez la masa de negadores del futuro. Esperanzado: que mañana se respire mejor, más limpio, más claro, más verdad. Con la esperanza de la educación, como la única posibilidad que se me ocurre para apostar por que siga habiendo posibilidades. La esperanza de una meta que no es final, es camino, dirección, sentido. Sonriente, cabezón, empeñado y esperanzado en que si es cuestión de resistencia, sólo de tiempo, volverán los lápices de colores a los estuches y de ellos a las manos, que estarán limpias. Y pintaremos un sol radiante, con borrones y nubes, pero sonriente. Con la esperanza de que no va a poder el lápiz gris, no va a poder, no será. No van a ponernos el uniforme de la falta de esperanza, de sentido. Ni ningún otro uniforme. Esperanzado porque me dan la esperanza, más de una vez, esos que miraron menos veces que yo. Con la esperanza por bandera, ahora que casi todo parece suspendido en el presente eterno de la falta de acción positiva. Esperanzado en que se termine firmando, y afirmando, esté delante quien esté, lo que se piensa.
Decía Ramón Buenaventura que vivir plenamente produce un cansancio infinito, pero muy gratificante. Digo yo que querría decir esto. Otra limpieza de mirada, otro frotar de ojos. Vuelvo a los colores.
La imagen de arriba la tomé prestada en Ser Rizomático.
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