Es el presente el que piensa por nosotros
Publicado por Miguel Santa Olalla el 29 Abril, 2008 - 13:32
Hay un fenómeno curioso en la historia que siempre me ha llamado la atención: a menudo ocurre que dos personajes históricos aplican en su disciplina (arte, ciencia, filosofía…) una misma idea. No me estoy refiriendo, por ejemplo, al hecho de que dos científicos por vías de investigación distintas lleguen a los mismos resultados (algo llamativo, por otro lado): la historia de la ciencia está llena de estos ejemplos. Estoy pensando en otro tipo de afinidades que saltan ineludiblemente cuando se estudia la historia de la filosofía y que nos obligan a conectar campos del saber aparentemente tan distantes que no se hubiera esperado que exista esa relación. Por ejemplo: mientras Calderón ponía en tela de juicio la autenticidad de la vida y planteaba si acaso no sea un mero sueño, Descartes se planteaba si acaso nuestra vida no sea un engaño y creamos estar despiertos cuando en realidad soñamos. Dos autores de ámbitos distintos, que con toda probabilidad no se leyeron mutuamente, utilizando una misma idea dentro de su actividad creadora. ¿Mera casualidad?
Podría ser una carambola histórica si los ejemplos no abundaran: la metáfora del reloj se impuso a partir de siglo XVI como una de las fuerzas motrices del pensamiento. Así, se pensaba que el hombre era como un reloj, que el universo era como un reloj… Es, entre otras cosas, la concepción mecanicista del universo la que permite el progreso de la física, aunque esta metáfora se viera trastocada a partir del siglo XIX con la teoría de la evolución. Artistas, literatos, filósofos y científicos fascinados por la idea de poder medir el tiempo gracias a una máquina. Más ejemplos: más de una vez hemos escuchado que la voluntad de poder nietzscheana no puede interpretarse en sentido biológico, pero ¿acaso no escuhamos ecos de la lucha por la supervivencia de Darwin al leer ciertos pasajes de Nietzsche? ¿Se estaban copiando Marx, Freud y Nietzsche cuando critican la razón moderna o es tan sólo una coincidencia derivada del compartir un mismo periodo histórico? Por alguna de estas razones habría que explicar que Ricoeur llamara al economista, al psiquiatra y el filósofo, “maestros de la sospecha”.
Los ejemplos podrían multiplicarse en cada período histórico: da la sensación de que existieran tendencias del pensamiento que moldean (quizás de forma inconsciente) el vivir y el hacer de las gentes. Como si cada individuo fuera en realidad un servidor de su tiempo, encargado de aplicar las ideas más extendidas en los diversos campos de investigación. Como si las “epistemes” de las que hablaba Foucault cobraran vida y más que una hipótesis teórica fueran el verdadero motor de la realidad y se encargaran de organizar nuestro pensamiento, motivarlo y orientarlo. Se trata, en definitiva, de los motivos de cada tiempo: el espejo o el engaño del barroco no es sólo una propuesta artística. La simetría, la perspectiva o la propuesta de la teoría de la evolución no son sólo criterios específicos de una disciplina: podemos encontrar ejemplos que sacan a la luz paralelismos interdisciplinares. ¿No será que acaso sea el presente, el tiempo y la cultura en que vivimos, los que verdaderamente avanzan y progresan y no seamos nosotros mucho más que sus portavoces? Se agradecen ideas al respecto y, por supuesto, más ejemplos sacados de la historia de la ciencia, la filosofía, el arte, la religión…









