Una tierra sin mañana

Imagen de Miguel Santa Olalla
43
votos
Cuantas veces decimos que los jóvenes son el futuro de la sociedad. Y así es, efectivamente, incluso en un sentido puramente biológico. Que se lo digan si no a tantos pueblos que se han desdibujado por la pérdida paulatina de población. De una forma primaria y como condición necesaria el relevo generacional es indispensable. Sin embargo, el ser humano no suele conformarse con estar, con ser. Queremos estar mejor, ser mejores. Llegar a saber qué necesitamos para vivir mejor, para ser una sociedad mejor es algo un tanto complicado. Una vez garantizada la existencia de un número significativo de adultos en la sociedad del futuro, ¿qué podemos hacer? ¿Qué podemos construir hoy con la vista puesta en la vida en común del mañana? ¿Qué queremos dejar como legado? ¿Existe alguna forma de garantizar que la vida por venir será cualitativamente mejor que esta vida vivida (valga la redundancia) que nos ha tocado a nosotros? Sin caer en el diálogo en torno a utopías, quizás sí tenga sentido pensar sobre cómo queremos vivir en unas decenas de años, o qué nos tendrían que quitar para no tener mañana. Una respuesta inmediata recurriría a la ciencia y la tecnología: no creo que existan dudas sobre los beneficios del desarrollo de la medicina. No sólo nos permite vivir más años, sino también poder disfrutar mejor de los que a cada uno le tocan en suerte. La tecnología facilita igualmente la vida, abre posibilidades y cursos de acción impensados hasta la fecha. Y si ambos se desarrollan en un marco ético (sin proyectos Manhattan, por poner un ejemplo), mejor que mejor. Sin embargo, a esa intuición inmediata le acompaña otra: no basta sólo con la ciencia. Y de hecho, hay todo un género literario de utopías negativas que nos presentan sociedades inhumanas organizadas científicamente. Nadie sueña con vivir en 1984, en Un mundo feliz o en Walden 2. Parece que a la ciencia ha de acompañarle otro tipo de progreso, en este caso de tipo ético o moral, y que puede tener algo que ver con la educación: la sociedad mejorará si contamos con una educación capaz de dar a cada uno lo que necesita, que favorezca el desarrllo personal. Ciencia, tecnología y educación. No dejan de ser tópicos que a menudo están en boca de todos. ¿Necesitamos el arte en esta tierra del mañana? ¿Qué lugar ocuparía la música? ¿La filosofía o la poesía? Es probable que ninguna de estas actividades o disciplinas nos parezcan indispensables, y lo más seguro es que sólo después de pensarlo un rato empezáramos a incluir este tipo de cosas, todas tan inútiles pero tan necesarias para la sociedad. Quizás para algunos una tierra sin fútbol o sin prensa rosa es una tierra sin mañana. Pero también hay otros, como Minnie Maria Rembe que piensan de una forma distinta. En estos días recibía uno de sus poemas a través de una página alemana que envía un poema diario a todos sus suscriptores. Por si a alguien le interesa, aquí lo escribo, para iniciar el debate (pidiendo disculpas por una traducción tan literal como apresurada): Den Bücherndas Wortgenommenden Dichterndie Spracheein Landohne Morgen Una tentativa de traducción al español: A los librosla palabratomadaa los poetasel lenguajeuna tierrasin mañana ¿Alguien tiene algo que añadir?