La cruda realidad.

Imagen de Marcos Cadenato
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Acercar un movimiento literario a nuestros alumnos resulta sumamente complicado. El Realismo, sin ir más lejos, les supone, a primera vista, un salto insalvable en el tiempo. Para ejecutar ese salto, en el que, como comunicadores, nos podemos romper la crisma, resulta más que aconsejable la Red: - El acontecimiento arquitectónico de la época: la Torre Eiffel. - El darwinismo - Un (desternillante) ejemplo de experimentalismo - El determinismo. Los reportajes de Callejeros tienen mucho del objetivismo descarnado de finales del siglo XIX: describen minuciosamente personajes, ambientes y costumbres, se regodean, como el Naturalismo, en las realidades más sórdidas y caracterizan implacablemente a sus entrevistados mediante el lenguaje. Metidos ya en harina y solucionada la base ideológica, podemos zambullirnos en los textos y alguno que otro proyectarlo en el aula. Éste, por ejemplo, es clave para entender el perfil de los protagonistas de las novelas de la época: Internet nos ofrece una versión en Word de Misericordia. Los chavales, en una primera lectura, pensarán que Benina, Casiana o el ciego Almudena son personajes trasnochados. El siguiente documento puede suscitar, al respecto, un encendido debate: Ahora les costará menos abordar los textos y señalar sus características: la minuciosa descripción de ambientes y personajes, las líneas salpicadas de Naturalismo, el ADN inconfundible de un -reportero- narrador omnisciente… El realismo, en pleno siglo XXI, sigue siendo una cuestión palpitante. Así, también, lo han acabado entendiendo los alumnos en el blog de aula y en sus presentaciones: Nos hemos hecho hasta una peli con imágenes de los autores. Lástima -nadie es perfecto- la ligera equivocación con el título: Santa paciencia… A veces creo que no me escuchan. En fin. Aster Navas