Proyectos y creatividad en la docencia

Imagen de José María Ruiz Palomo
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A partir de la discusión ¿Matan las escuelas la creatividad?, abierta por Pedro Villarubia en Internet en el aula, se me ocurre darle vueltas al papel que juega la creatividad en nuestra labor docente. Comentaba en ese foro que en mi caso las exploraciones creativas parten de la incapacidad para repetir las mismas actividades y los mismos proyectos cada año en cada curso. Quizás me dejo arrastrar por el ritmo frenético que imponen las novedades tecnológicas, quizás necesito buscar estímulos, inventar motivos de acción que diría José Antonio Marina. Explica este cómo la inteligencia tiene la capacidad de persuadirse, seducirse o animarse a sí misma,  y cómo ello se relaciona con la habilidad de inventar proyectos. Desde luego no me tengo por un hábil inventor de proyectos, pero sí soy un fervoroso creyente y practicante de esta metodología. Especialmente desde que la red nos brinda la oportunidad de conocer las sugerentes experiencias que se desarrollan en tantos centros desde hace años. Porque tal y como explica el autor de Teoría de la inteligencia creadora, usamos los proyectos ajenos para construir los propios, tomándolos como modelos y mezclándolos, interpolándolos, destruyéndolos y reconstruyéndolos. Aunque Marina ponga como ejemplos proyectos de otra naturaleza y envergadura, creo que para la ilustrar la aplicación de sus reflexiones a la labor docente puedo poner como ejemplo este que ofrecí hace años al alumnado y al profesorado de Bachillerato, con orientaciones concretas para trabajar, y que es deudor de la labor realizada y publicada en varios centros de Cataluña y Madrid. Así pues la elaboración de proyectos ha sido y es una forma de canalizar el impulso creativo de modo que las ideas nuevas me permitan obtener resultados concretos en el aula. Porque ocurrencias inútiles tengo unas cuantas en mi haber; la última, este pasado curso. Me pareció muy original enviar correos a mi alumnado de Cultura Religiosa desde una cuenta llamada JosGaa,  con fragmentos de “El mundo de Sofía” para despertar su interés por las peripecias de la protagonista -que tiene la misma edad que los destinatarios de mis correos-. El remedo electrónico del profesor que dejaba las sucesivas entregas del curso de Filosofía en el buzón de la casa de Sofía, ocultando su identidad, resultó una estrepitosa pérdida de tiempo que podría haber previsto. Me cabe el consuelo de que los consejos sobre los riesgos en internet, por ejemplo no abrir correos de desconocidos, sirven para algo. He comprobado cómo el desarrollo de proyectos cambia el significado de las ideas y las actitudes, que se pueden convertir en significativas y fértiles. Por ejemplo, entre explicar todas las opciones académicas y profesionales que tiene el alumnado mientras ellos se limitan a escuchar (o no), y ponerlos a trabajar en un proyecto de orientación académica y profesional en el que van a tener que jugar un papel activo, hay una importante diferencia en cuanto a la implicación en la búsqueda de información relevante y la asunción de responsabilidades en la toma de decisiones que les conciernen a ellos más que a nadie. También se ve que la habilidad para realizar búsquedas heurísticas, esas en las que entran en juego las suposiciones, estratagemas, y corazonadas, que son fruto del bagaje intelectual de cada uno, son el gran caballo de batalla en la labor indagatoria del alumnado. Porque no suelen tener un gran bagaje al que recurrir y porque no suelen estar acostumbrados a enfrentar a esta manera de trabajar. Especialmente si los soltamos en mitad del océano digital con Google por toda brújula -por cierto, ¿será Cuil una nueva estrella Polar en el cielo virtual?-. Este es un aspecto importante que hemos de cuidar. Y otro fundamental es facilitar que el alumnado integre sus descubrimientos en los conocimientos que ya tiene. Comprendemos algo cuando acertamos a introducirlo y relacionarlo con lo que ya hemos asimilado. Por ello, es necesario saber en qué terreno nos vamos a mover al plantear un proyecto. De otra manera copiar y pegar se convierten en la única alternativa que le dejamos -y luego les reprochamos- al alumnado. Recuerdo perfectamente las horas que pasé “fusilando” fragmentos de la Enciclopedia Labor que tenían mis padres en casa cuando hacía los deberes porque era la única forma de resolver algunas tareas. (No nos engañemos, en la historia del copy and paste lo que ha cambiado verdaderamente es la herramienta y la extensión de la práctica.) La incertidumbre del resultado es otro elemento a considerar porque nunca he tenido la certeza de que un proyecto fuera provechoso para el alumnado hasta que no lo he puesto en marcha.  De hecho algún proyecto como el del Cine Club IES El Palo, ha sido realmente una aventura temeraria para un simple aficionado al cine con vocación por la animación cultural, teniendo en cuenta que muchos asistentes esperarían encontrarse a un experto en el Séptimo Arte detrás de la iniciativa. Nunca imaginé cuando empezamos que se iba a convertir en una de las experiencias más gratificantes que he desarrollado desde que me dedico a la enseñanza. Estoy convencido de que una cierta dosis de inseguridad puede ser muy fructífera; en mi caso diría incluso que es consustancial al ejercicio profesional de la docencia desde hace años. Cuando los proyectos están en la fase de elaboración, procuro tener en cuenta las características que según mi programación deben tener:
  • Relevancia: el proyecto deberá estar enfocado a confrontar al alumnado con los conceptos y problemas fundamentales de la disciplina o disciplinas en las que el proyecto se inscribe.
  • Construcción de conocimiento: el proyecto deberá llevar aparejada alguna labor de investigación o búsqueda de información que implique construcción de nuevos conocimientos por parte de los alumnos.
  • Autonomía: el alumnado será el protagonista del trabajo, asumiendo un alto grado de autonomía, y el papel del profesor será principalmente el de guía y facilitador.
  • Realismo: los proyectos deberán abordar problemas y cuestiones reales; se tratará de hacer sentir al alumnado que está participando en una actividad auténtica.
  • Centralidad: los proyectos son elementos centrales del currículo no accesorio.
Aunque son requisitos exigentes, los resultados justifican con creces el esfuerzo que hay realizar durante la fase de diseño. Siempre que un proyecto no termina de funcionar se debe a alguno de los aspectos anteriormente enumerados. Y en relación con esta idea, los aspectos creativos que tiene la labor de inventar proyectos tienen que ver con su sometimiento a restricciones, que nos imponemos en aras de la eficiencia. Los proyectos están condicionados por la realidad. Pero también contribuyen a dotar de estilo a nuestro trabajo, y las limitaciones dejan un espacio de libertad en el que cabe mucha original y un amplio repertorio metodológico. Y desde luego brindarle al alumnado la posibilidad de poner en juego su creatividad y libertad para realizar tareas contribuye más y mejor al desarrollo de sus competencias que encorsetar su trabajo con ejercicios repetitivos que a menudo tienen como principal utilidad entrenarlos para aprobar exámenes. Trabajar mediante proyectos además hace muy difícil una dinámica uniformadora en la que todos avancen al mismo ritmo y facilita la individualización de la enseñanza. Ni que decir tiene que las TIC juegan un papel clave en la incorporación de los proyectos a nuestro trabajo. La web 2.0 y las numerosas herramientas que no paran de aparecer nos ponen en bandeja la experimentación mediante proyectos. Así que, si todavía no los habéis probado, no os privéis. Compártelo